lunes, 16 de abril de 2012

Canciones sin destinatario

Cuantas veces no hemos sentido la necesidad de confesar algo, decirle a alguien alguna idea, sea cual sea su manifestacion, pero nos detenemos por un momento y evadimos tal acto, ya que nos hacemos consientes que quizás esa persona no necesite escuchar de nuestras palabras, simplemente porque considera que no son para ella.

Por ejemplo, una idea que llegue de pronto y cuando en nosotros parece lo más genial, para otros es una idea loca, ingenua, disparatada, o que se yo. de ahí se crea el miedo recurrente a que salgamos lastimados porque no compartan nuestro noción de las cosas y simplemente nos ganemos un momento vergonzo, pero eso es culpa de que en ninguna etapa de la vida nos enseñan que nuestro caracter de individuos únicos hace que muchos nos vean como bichos raros y mucho menos nos dicen como lidiar ante tales situaciones, simplemente nos pintan la idea de "esfuerzate y encontraras felicidad", no siempre funciona. Todos hemos sido bichos raros, simplemente que en algún momento elegimos actuar como la mayoria, nos alienamos no por gusto, sino para ser aceptados.

Peor es el caso cuando esa idea es un sentimiento, que nacio de pronto, o quizás nacio hace mucho tiempo. El miedo a perder lo que nunca tuvimos, el absurdo recurrente en las mentes.

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